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| MUSICA / DIRIGIRA UNA PELICULA EL PROXIMO SEPTIEMBRE Franco Battiato afirma que ahora prefiere interpretar a componer
Anoche presentó en el Poble Espanyol su último disco, "Fleurs
3"
ANA MARIA DAVILA
BARCELONA.- Su irrupción en el panorama artístico de los 70 fue saludada como la
aparición de un auténtico renovador del pop.Desde entonces, el italiano Franco Battiato
se ha mantenido como un rara avis musical, un cantante que no ha dudado en compatibilizar
su éxito en la música ligera con su interés por los sonidos más experimentales, el
misticismo sufí, la ópera o la música escénica.
En octubre de 1999, Battiato publicó Fleurs, donde versionaba, con su peculiar estilo,
diez grandes canciones del pop. Ahora, tres años después, y sin necesidad de pasar por
la segunda entrega, el cantante publica Fleurs3, un nuevo álbum de versiones que, de
paso, le ha servido para poner fin a 12 años de ausencia de Barcelona.
Anoche, en el Poble Espanyol, y dentro de la programación del Grec'2002, Battiato
presentó algunos de estos nuevos temas además de un buen puñado de sus grandes éxitos.
Horas antes, sin embargo, ofreció una conferencia de prensa en la que no dudó en afirmar
que "ahora disfruto más cantando que componiendo".
Parapetado detrás de unas impenetrables gafas oscuras, el artista desmintió que esta
línea de trabajo respondiera a una "crisis de creatividad" dentro de su
trayectoria y afirmó también que son los propios arreglos los que le ayudan a determinar
qué temas merecen ser incluidos en el registro discográfico. "Si no consigues que
tu versión sea mejor o distinta que el original entonces es mejor no hacerla", dijo.
En Fleurs3 concretamente el músico siciliano recrea, entre otras, una olvidada
canción de Adamo, Perduto amore; otra de Gino Paoli, Il cielo in una stanza, y dos más
de Lauzi, Ritornerai y Se tu sapesi.
'Lied' de Strauss
Junto a ellas hay también un lied de Strauss, Beim Schlafengehen, sobre textos de
Herman Hesse, y una composición propia, Come un sigillo, escrita en colaboración con su
amigo el filósofo Manlio Sgalambro, con quien acostumbra realizar una singular versión
del Me gustas tú de Manu Chao.
Y es que el autor de La estación de los amores se siente muy orgulloso de que después
de 30 años de trayectoria sus conciertos sigan convocando a un público juvenil.
"Hay chicos de 15 o 16 años a pie de escenario que se saben todas las letras de las
canciones", afirmó el músico, que también se asombra de que "algunos de los
temas más difíciles de mi repertorio han sido los que han tenido más éxito entre el
público".
Tras su actuación de anoche, que abre una mini gira por España que proseguirá hoy en
Madrid y mañana en León, Battiato ignora cuándo podrá volver otra vez a Barcelona. De
momento, su proyecto más inmediato es la dirección de una película que gira alrededor
de la música italiana de los años 50 y 60. Pero no canciones famosas, sino precisamente
aquéllas que no tuvieron éxito. |
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| MUSICA-CONCIERTOS |
| Battiato se resiste a
gravitar sobre el pasado |
| Madrid, 4 jul (EFE).-
Franco Battiato, cuyo nombre sigue asociado en el imaginario del gran público a éxitos
como "Centro de gravedad", se resistió en el concierto que esta noche ofreció
en el Conde Duque de Madrid (tal y como intentó hacer ayer en Barcelona) a la fuerza
atrayente de sus melodías más famosas, que intercaló con temas menos conocidos. |
Unas dos mil quinientas
personas recibieron a Battiato esta noche cuando salió a escena. El les respondió con un
"bienvenidos" antes de dar paso a las notas de una desconocida "Il cielo in
una stanza", de G. Paoli.
Sentándose a veces sobre un arcón cubierto de una tela cobriza y bailando en otras
ocasiones con ese estilo suyo casi inimitable, Battiato se hizo dueño de un escenario en
el que le acompañaban trece personas (piano, teclados, batería, guitarra, bajo y Mary
Montesano e Vera Quarleri, a los coros, además de los seis instrumentistas del Nuevo
Quartetto Italiano).
A ellos se sumaría luego su amigo Manlio Sgalambro, filósofo y autor de las letras de
"Ferro Battuto", el último disco del cantante.
Todos ellos fueron ofreciendo temas de discos como el citado "Ferro Battuto" y
"Fleurs 3" (algunos sirviéndose de efectos grabados) discos con los que el
cantante ha demostrado que no se deja tentar por el triunfo fácil que podría obtener
repitiendo los estribillos pegadizos de "La voce del padrone", aquel título que
en 1981 le convirtió en el primer italiano en vender un millón de copias de un LP.
Fueron temas recibidos sin demasiadas señales de familiaridad por un público que, aunque
disfrutaba, ejercía el citado poder gravitatorio hacia los éxitos de los ochenta.
Pero Battiato se resistía: se quitó la chaqueta azul, eso sí, y bajo ella apareció un
gran blusón blanco, momento en que surgieron desde el público gritos como
"¡guapo!", que, a pesar de la literalidad de las palabras, muy posiblemente se
referían más a la simpatía que a la belleza de un Battiato tan desgarbado como siempre.
"La canzone dell'amore perdutto", de F. André, fue una de las versiones que
pudieron escucharse esta noche en el Conde Duque madrileño, así como una original
visión del "Ruby Tuesday" de los Rolling Stones, agradecida por el respetable.
Tras ella vino un lapso en el que el citado profesor Sgalambro condujo el concierto a la
Big Band Era (Chicago, años treinta) con "Cheek to cheek", de Berlin/Misselvia,
y, luego, directamente al surrealismo con su manera de cantar el "Me gustas tú"
de Manu Chao.
Salió otra vez Battiato y cantó "Nómadas" (en castellano) y el público
volvió a agradecérselo, pero se resistió después una vez más a seguir en esa línea y
atacó canciones como "La stagione dell'amore".
Tras ellas cedió y se dejó arrastrar hacia "Voglio verti danzare" y,
finalmente, ya en los bises, a su inevitable "Centro di gravitá permanente".
EFE ftv/br |
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Explosión de música
Inclasificable Battiato
Concierto. El cantante transalpino ofreció ayer en el Conde
Duque una muestra de sus mejores melodías, con unas letras marcadas por las ideas y el
eclecticismo
QUICO ALSEDO
Sobre un escenario, antes que a un metafísico Dylan a la italiana, el pelo cano,
las gafas y los movimientos de Franco Battiato recuerdan a aquel delirante sketch de Monty
Phyton. Partido de fútbol de filósofos Grecia-Alemania, minuto 40 de la segunda parte:
Parménides le roba el cuero a Marx, combina con Sócrates, éste centra y Aristóteles
bate a Nietzsche de cabeza. Pues igual: Battiato en escena es como un divagante filósofo
cantando. O como un cantante elaborando hipótesis, da igual. Aunque tampoco nos
pasemos: lo de Battiato son melodías bellas con innegable poso de ideas. Y ayer en Conde
Duque, además, arropadas con abrigos de lo más variados: ahora la guitarra
tormentosísima de Chicco Gussoni -el Reevef Gabrels particular de Battiato-; después, el
perso piano de Michele Fredigoti, sobre todo en los tiempos medios, y las hermosas cuerdas
del Nuovo Quartetto Italiano, compañeras inseparables en esta carrera de Battiato por
construir un rock europeo con raíz intelectual.
Y, por cierto, nada de senectud plácida -por más que bordee ya la sesentena- ésta de
Battiato: fue el de ayer un concierto por momentos muy bronco con toques incluso de rock
and roll desfasado, el transalpino índice arriba, pegando casi cómicos saltos, en plan
John Spencer de la canción europea.
Desde luego que Battiato tiene en cuenta ahora la máxima con que su amigo el filósofo
-éste sí- Manlio Sgalambro le sacó del pozo de la crisis que el cantante vivió a
principios de los 90: "La música es sólo diversión", le dijo. Y Battiato, es
innegable, se lo pasa bomba sobre un escenario. Ayer, bromeó constantemente con el
público y hasta abandonó las tablas por un momento saltando grácilmente para pedir un
zumo de naranja con que lubricar sus, por otra parte, en todo momento prestaciones
vocales. Por no hablar de cuando cogió la guitarra tras Ruby tuesday, para enfilar el
primer tema con Sgalambro a la voz: parecía Pete Townsend viento en popa.
Sgalambro, pensador italiano influido por Nietzsche y contrastado versioneador en cuyo
baúl lo mismo caben -para que vean los parámetros en que nos movemos- Manu Chao que
Adamo, se marcó dos preciosos temas en plan big band que cautivaron a los presentes.
Eso, antes del punto de la noche, sin Battiato -que ahí cedió todo el protagonismo a
su amigo- en esos momentos en escena: ¿se imaginan a un viejecito de pelo cano, traje
oscuro -un auténtico abuelo, no digamos más- entonando el Me gusta marihuana, me gustas
tú, me gusta Malasaña, me gustas tú de Manu Chao? Pues eso hizo ayer Sgalambro, con la
letra en la mano, en uno de los momentos álgidos de la noche.
Otro de ellos llegó acto seguido, con Battiato regalando a sus muchos fans madrileños
-también mucho italiano se dejó ver ayer por el Conde Duque- la preciosa Nómadas, que
retrotrajo a la audiencia a los, para el cantante, exitosísimos años 80. No olvidemos
que Battiato fue el primer artista italiano en vender un millón de discos.
Después, se sumió en un profundo túnel -llegó a actuar en Bagdad en los años
duros- y de aquello, poco queda hoy, aparte de la alfombra de inspiración árabe que ayer
ocupaba el centro del escenario, y una férrea voluntad de ir contracorriente.
Aunque no excesivamente ayer: los temas de Hierro forjado, su último álbum, y los de
Fleurs -versiones de temas populares italianos y franceses de los años 60 y 70- sonaron,
bien es cierto, bastante AOR: domesticados y un poquito excesivamente deglutidos. Pero
qué más se le puede pedir a un artista tan interesante, inclasificable y, en definitiva,
culo de mal asiento como Franco Battiato. |
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