La gira

 

  BATTIATO DE NUEVO EN MADRID

bamadri.jpg (6015 byte)Battiato retornó a España y lo hizo con un repertorio muy similar al de su gira de abril. Esta vez junto al cuarteto de cuerda se hizo acompañar por un cuarteto de metales. El maestro siciliano posee un cancionero tan ecléctico como soberbio que le permite incrustarse en sonidos rock (nutriéndose de sus álbumes «La emboscada» y «Gomallaca»), dar un salto y agarrar la canción romántica con arreglos clásicos (de su disco de versiones «Fleurs»), soltar adrenalina con las canciones de finales de los ochenta cuando editó en español lo más granado de su obra (Ecos de danza sufí y Nómadas). Como siempre, logró que el frenesí se desatara cuando defendió los temas más populares. A petición de un publico entregado, hizo dos amplísimos bises. Al final rogó expresamente que no le pidieran más temas aludiendo a su cansancio y clausuró su lección magistral poniendo a todos un nudo en la garganta con la inadjetivable «Y te vengo a buscar». Maravilloso de principio a fin.    espectacularia
MUSICA / DIRIGIRA UNA PELICULA EL PROXIMO SEPTIEMBRE

Franco Battiato afirma que ahora prefiere interpretar a componer

Anoche presentó en el Poble Espanyol su último disco, "Fleurs 3"

ANA MARIA DAVILA

BARCELONA.- Su irrupción en el panorama artístico de los 70 fue saludada como la aparición de un auténtico renovador del pop.Desde entonces, el italiano Franco Battiato se ha mantenido como un rara avis musical, un cantante que no ha dudado en compatibilizar su éxito en la música ligera con su interés por los sonidos más experimentales, el misticismo sufí, la ópera o la música escénica.

En octubre de 1999, Battiato publicó Fleurs, donde versionaba, con su peculiar estilo, diez grandes canciones del pop. Ahora, tres años después, y sin necesidad de pasar por la segunda entrega, el cantante publica Fleurs3, un nuevo álbum de versiones que, de paso, le ha servido para poner fin a 12 años de ausencia de Barcelona.

Anoche, en el Poble Espanyol, y dentro de la programación del Grec'2002, Battiato presentó algunos de estos nuevos temas además de un buen puñado de sus grandes éxitos. Horas antes, sin embargo, ofreció una conferencia de prensa en la que no dudó en afirmar que "ahora disfruto más cantando que componiendo".

Parapetado detrás de unas impenetrables gafas oscuras, el artista desmintió que esta línea de trabajo respondiera a una "crisis de creatividad" dentro de su trayectoria y afirmó también que son los propios arreglos los que le ayudan a determinar qué temas merecen ser incluidos en el registro discográfico. "Si no consigues que tu versión sea mejor o distinta que el original entonces es mejor no hacerla", dijo.

En Fleurs3 concretamente el músico siciliano recrea, entre otras, una olvidada canción de Adamo, Perduto amore; otra de Gino Paoli, Il cielo in una stanza, y dos más de Lauzi, Ritornerai y Se tu sapesi.

'Lied' de Strauss

Junto a ellas hay también un lied de Strauss, Beim Schlafengehen, sobre textos de Herman Hesse, y una composición propia, Come un sigillo, escrita en colaboración con su amigo el filósofo Manlio Sgalambro, con quien acostumbra realizar una singular versión del Me gustas tú de Manu Chao.

Y es que el autor de La estación de los amores se siente muy orgulloso de que después de 30 años de trayectoria sus conciertos sigan convocando a un público juvenil. "Hay chicos de 15 o 16 años a pie de escenario que se saben todas las letras de las canciones", afirmó el músico, que también se asombra de que "algunos de los temas más difíciles de mi repertorio han sido los que han tenido más éxito entre el público".

Tras su actuación de anoche, que abre una mini gira por España que proseguirá hoy en Madrid y mañana en León, Battiato ignora cuándo podrá volver otra vez a Barcelona. De momento, su proyecto más inmediato es la dirección de una película que gira alrededor de la música italiana de los años 50 y 60. Pero no canciones famosas, sino precisamente aquéllas que no tuvieron éxito.

 

MUSICA-CONCIERTOS
Battiato se resiste a gravitar sobre el pasado
Madrid, 4 jul (EFE).- Franco Battiato, cuyo nombre sigue asociado en el imaginario del gran público a éxitos como "Centro de gravedad", se resistió en el concierto que esta noche ofreció en el Conde Duque de Madrid (tal y como intentó hacer ayer en Barcelona) a la fuerza atrayente de sus melodías más famosas, que intercaló con temas menos conocidos.
Unas dos mil quinientas personas recibieron a Battiato esta noche cuando salió a escena. El les respondió con un "bienvenidos" antes de dar paso a las notas de una desconocida "Il cielo in una stanza", de G. Paoli.
Sentándose a veces sobre un arcón cubierto de una tela cobriza y bailando en otras ocasiones con ese estilo suyo casi inimitable, Battiato se hizo dueño de un escenario en el que le acompañaban trece personas (piano, teclados, batería, guitarra, bajo y Mary Montesano e Vera Quarleri, a los coros, además de los seis instrumentistas del Nuevo Quartetto Italiano).
A ellos se sumaría luego su amigo Manlio Sgalambro, filósofo y autor de las letras de "Ferro Battuto", el último disco del cantante.
Todos ellos fueron ofreciendo temas de discos como el citado "Ferro Battuto" y "Fleurs 3" (algunos sirviéndose de efectos grabados) discos con los que el cantante ha demostrado que no se deja tentar por el triunfo fácil que podría obtener repitiendo los estribillos pegadizos de "La voce del padrone", aquel título que en 1981 le convirtió en el primer italiano en vender un millón de copias de un LP.
Fueron temas recibidos sin demasiadas señales de familiaridad por un público que, aunque disfrutaba, ejercía el citado poder gravitatorio hacia los éxitos de los ochenta.
Pero Battiato se resistía: se quitó la chaqueta azul, eso sí, y bajo ella apareció un gran blusón blanco, momento en que surgieron desde el público gritos como "¡guapo!", que, a pesar de la literalidad de las palabras, muy posiblemente se referían más a la simpatía que a la belleza de un Battiato tan desgarbado como siempre.
"La canzone dell'amore perdutto", de F. André, fue una de las versiones que pudieron escucharse esta noche en el Conde Duque madrileño, así como una original visión del "Ruby Tuesday" de los Rolling Stones, agradecida por el respetable.
Tras ella vino un lapso en el que el citado profesor Sgalambro condujo el concierto a la Big Band Era (Chicago, años treinta) con "Cheek to cheek", de Berlin/Misselvia, y, luego, directamente al surrealismo con su manera de cantar el "Me gustas tú" de Manu Chao.
Salió otra vez Battiato y cantó "Nómadas" (en castellano) y el público volvió a agradecérselo, pero se resistió después una vez más a seguir en esa línea y atacó canciones como "La stagione dell'amore".
Tras ellas cedió y se dejó arrastrar hacia "Voglio verti danzare" y, finalmente, ya en los bises, a su inevitable "Centro di gravitá permanente".
EFE ftv/br
 
Explosión de música
Inclasificable Battiato

Concierto. El cantante transalpino ofreció ayer en el Conde Duque una muestra de sus mejores melodías, con unas letras marcadas por las ideas y el eclecticismo

QUICO ALSEDO

Sobre un escenario, antes que a un metafísico Dylan a la italiana, el pelo cano, las gafas y los movimientos de Franco Battiato recuerdan a aquel delirante sketch de Monty Phyton. Partido de fútbol de filósofos Grecia-Alemania, minuto 40 de la segunda parte: Parménides le roba el cuero a Marx, combina con Sócrates, éste centra y Aristóteles bate a Nietzsche de cabeza. Pues igual: Battiato en escena es como un divagante filósofo cantando. O como un cantante elaborando hipótesis, da igual.

Aunque tampoco nos pasemos: lo de Battiato son melodías bellas con innegable poso de ideas. Y ayer en Conde Duque, además, arropadas con abrigos de lo más variados: ahora la guitarra tormentosísima de Chicco Gussoni -el Reevef Gabrels particular de Battiato-; después, el perso piano de Michele Fredigoti, sobre todo en los tiempos medios, y las hermosas cuerdas del Nuovo Quartetto Italiano, compañeras inseparables en esta carrera de Battiato por construir un rock europeo con raíz intelectual.

Y, por cierto, nada de senectud plácida -por más que bordee ya la sesentena- ésta de Battiato: fue el de ayer un concierto por momentos muy bronco con toques incluso de rock and roll desfasado, el transalpino índice arriba, pegando casi cómicos saltos, en plan John Spencer de la canción europea.

Desde luego que Battiato tiene en cuenta ahora la máxima con que su amigo el filósofo -éste sí- Manlio Sgalambro le sacó del pozo de la crisis que el cantante vivió a principios de los 90: "La música es sólo diversión", le dijo. Y Battiato, es innegable, se lo pasa bomba sobre un escenario. Ayer, bromeó constantemente con el público y hasta abandonó las tablas por un momento saltando grácilmente para pedir un zumo de naranja con que lubricar sus, por otra parte, en todo momento prestaciones vocales. Por no hablar de cuando cogió la guitarra tras Ruby tuesday, para enfilar el primer tema con Sgalambro a la voz: parecía Pete Townsend viento en popa.

Sgalambro, pensador italiano influido por Nietzsche y contrastado versioneador en cuyo baúl lo mismo caben -para que vean los parámetros en que nos movemos- Manu Chao que Adamo, se marcó dos preciosos temas en plan big band que cautivaron a los presentes.

Eso, antes del punto de la noche, sin Battiato -que ahí cedió todo el protagonismo a su amigo- en esos momentos en escena: ¿se imaginan a un viejecito de pelo cano, traje oscuro -un auténtico abuelo, no digamos más- entonando el Me gusta marihuana, me gustas tú, me gusta Malasaña, me gustas tú de Manu Chao? Pues eso hizo ayer Sgalambro, con la letra en la mano, en uno de los momentos álgidos de la noche.

Otro de ellos llegó acto seguido, con Battiato regalando a sus muchos fans madrileños -también mucho italiano se dejó ver ayer por el Conde Duque- la preciosa Nómadas, que retrotrajo a la audiencia a los, para el cantante, exitosísimos años 80. No olvidemos que Battiato fue el primer artista italiano en vender un millón de discos.

Después, se sumió en un profundo túnel -llegó a actuar en Bagdad en los años duros- y de aquello, poco queda hoy, aparte de la alfombra de inspiración árabe que ayer ocupaba el centro del escenario, y una férrea voluntad de ir contracorriente.

Aunque no excesivamente ayer: los temas de Hierro forjado, su último álbum, y los de Fleurs -versiones de temas populares italianos y franceses de los años 60 y 70- sonaron, bien es cierto, bastante AOR: domesticados y un poquito excesivamente deglutidos. Pero qué más se le puede pedir a un artista tan interesante, inclasificable y, en definitiva, culo de mal asiento como Franco Battiato.