Archivo Moderno

 

FRANCO BATTIATO

 

 

La Razón Digital

 

ESPECTÁCULOS / VERANOS DE LA VILLA  

Sábado, 6 de Julio de 2002

 

VERANOS DE LA VILLA

 

Alberto Bravo

 

 

 

 

          Hay que decirlo bien alto: pocos conciertos hoy son mejores que los de Franco Battiato. Él es éxtasis en la música, un estallido creativo singular, pletórico. Se  asiste a una experiencia sólo repetible cuando el italiano regresa. Pequeñas piezas grandiosas. Más de dos horas se alargó el concierto en el Conde Duque, ante un público enfervorizado que supo responder con entusiasmo a la entrega del italiano, inspiradísimo y con un catálogo de creaciones descomunal y excelentemente presentadas. Muchas canciones hay en una, y todas poseen fe, entrega. hay enorme trabajo y genio en cada una de ellas, sin que por ello caiga en pretenciosidad, sino que todo es mostrado en un formato pop con mayúsculas. Qué decir de los más de veinte regalos que trajo el artista. Se ponía la piel de gallina cuando interpretaba maravillas como "Il mantello e la spiga", "Fornicazione", "Nomadi", "E ti vengo a cercare" o las más novedosas "La cura" o "Bist du bei mir". El delirio llegó con "Cuccurucucu" (con alusiones reverenciale a "Lady Madonna", "Just like a woman" y "Like a rolling stone") y "Centro de [sic] gravitá [sic] permanente", una de las mejores canciones de la historia del pop. Fue una celebración de la música, la de un artista en plenitud después de veinte años de carrera. Una locura, incluyendo ese bis junto al filósofo Manlio Sgalambro cantando "I go crazy", de James Brown. En cada pieza habrían cabido mil años de la historia de la música. Como en la cabeza de Battiato caben mil tipos de canciones. Y todas son plenas. Como sus conciertos. Battiato, grandísimo.