Franco Battiato desentona en directo. No las cuerdas
de su guitarra; ni las de su garganta, tan acostumbradas a vibrar como a hacer vibrar.
Aún menos el inverosímil dueto de violines y baterías que le acompaña. Son sus castas
camisas abrochadas hasta el cuello, sus alpargatas de franciscano y las austeras gafas de
pasta que disimulan su mirada trascendida quienes ponen la nota disonante en los
conciertos. Tanto es así, que el primer italiano que vendió un millón de discos * en su
país parece más bien un intelectual, un filósofo, un genio, incluso, que, abstraído en
sus divagaciones y experimentos, ha perdido el control de su mente, para despertar
desorientado sobre el escenario de un auditorio tomado por una multitud.
Místico de pensamiento, introvertido de palabra, monástico de
obras y omisión, para Battiato, la música es el idioma de la meditación, una pista
desde la que buscar la perfección existencial, y la clave secreta para abrir las puertas
de la felicidad. Por eso, aunque el éxito no ha dejado de perseguirle desde hace treinta
años, él ha tratado de darle esquinazo a volantazos: pasando del pop y baladas para
todos los públicos, a sonidos igual de difíciles de descifrar como de vender.
Todo un mestizaje de inquietudes y sensaciones siempre
inexploradas, que comenzó a madurar casi a la vez que el propio siciliano. Fruto de un
camionero y un ama de casa, tenía dos cuando les pidió un instrumento. Pero tuvo que
esperar a la adolescencia y convencer a los abuelos para abrazar su primera guitarra. De
esta misma época de solfeo autodidacta data su también prominente nariz, crecida más
allá de la media por decir mentiras: le dieron una patada jugando al fútbol y, cuando se
lo contó a sus padres, la fractura ya era irreversible.
Tampoco
sanaron sus enfermizos anhelos musicales. Por ellos marchó a Milán tan pronto juntó 18
años y grabó una serie de discos que se regalaban con una revista de pasatiempos. El
joven Battiato ejerció de mozo de almacen, de repartidor, actuó en cabarés, animó
verbenas... Hasta que, en 1967, se cruzó en su curriculum uno de esos cazatalentos a
sueldo de la fortuna. Era el marido (Giorgio Gaber, n.del Virtual) de una vedette
(Ombretta Colli, n. del Virtual) y lo convertiría en una estrella de los festivales de la
canción, desde San Remo a Eurovisión.
El triunfo, sin embargo, le empachó enseguida.
Convicto "proletario del espíritu" , enemigo declarado de las masas,
creyó ahogarse entre las mareas de aplausos y hundirse en el vacío de una música
peligrosamente superficial. "Me sentía una marioneta en ese mundo falso de la
canción", recuerda. Perdido el rumbo, se situó al borde del suicidio y se
precipitó en una profunda depresión de la que sólo pudo rescatarle el sufismo.
El ideario racionalista y sereno de esta doctrina
islámica le hizo aceptar que los sabios necesitan ganarse el pan -también los
vegetarianos como él-, y que la música puede alimentar a la vez el estómago y las
ánimas. Con esta filosofía y su nuevo álbum, Hierro Forjado,
el que se reveló en España a mediados de los ochenta con Yo quiero
verte danzar ha regresado estos días de gira por la península. A sus 57
años. Haciendo ascos al jabugo y al rioja, pero atiborrándose de zumos de
naranja y quesos. "No he probado otra cosa desde que llegué", asegura
Battiato, franco hasta en el carné de identidad.
- Usted, que detesta las masas, no debe
sentirse cómodo delante de un aforo de miles de personas.
- La masa es muy peligrosa cuando deviene una
sola cosa y las ideas de cada uno no cuentan nada. Por eso el fútbol o las ideologías
pueden resultar tan perniciosos.
- ¿Necesita los aplausos, las
avalanchas, o le incomodan por vulgares?
- Me gusta cuando cantas con una atmósfera un
poco espiritual y ves que el público sintoniza perfectamente. Esto me interesa más que
el aplauso. El aplauso es un ritual.
- Si no tuviera que ganarse la vida, ¿se
encerraría a cantar para sí mismo en lugar de hacer giras?
- Sin duda. Me agrada estar siempre conmigo, no
porque me guste mi persona, sino porque el silencio es mi condición natural y mi forma de
entender la vida. Silencio quiere decir comprender el sacro del vivir. Es muy interesante.
- ¿Por qué se hizo cantante entonces? Hasta
sus padres se oponían.
- Mi primera idea sí fue buscar dinero. Pero,
después, las cosas cambian. Y las ganas de éxito se convierten en lo contrario.
- ¿Qué caprichos tiene ahora?
- No soy un tipo caprichoso. Sólo me interesa
lo que necesito.
- ¿No colecciona coches o chalés?
- No. Para mí, las cosas materiales carecen de
interés. Cuando un cantante tiene la fortuna de alcanzar el éxito, debe evitar
convertirse en un sibarita. Es una desgracia.
- Tampoco reside en una chabola...
- No. En verano, vivo en una casa muy hermosa
del siglo XVIII, en una zona rural de Catania (Sicilia). Pero lo importante no es el lujo
de la decoración, sino el espacio; vivir y no encontrarte con nadie.
- ¿Cuánto gasta al día?
- Muy poco. Me interesa el dinero porque te
permite hacer las cosas que deseas, pero nunca pienso en él con afán de tener más.
- ¿A quién dejará su fortuna? No tiene
hijos.
- No, no tengo. Te digo lo que una cantante de
la época nazi: "Gente como yo, Greta Garbo o Marleine Dietrich no pueden dejar
copia".
- ¿Quién será pues su heredero?
- La hija de mi hermano.
- Su sobrina debe de agradecer al sufismo la
austeridad del tío, supongo.
- El sufismo es una religión extrema, como el
budismo. Los místicos sufís dejan todo por el seguimiento de Dios, por pensar todo el
día y no hacer mal a nadie.
- ¿Cómo llegó a esta religión?
- De joven, estaba obsesionado por conocerme a mí
mismo. Me hacía siempre las mismas preguntas: ¿de dónde vienes?, ¿a dónde vas?
Compraba libros en busca de respuestas, y en uno descubrí el sufismo.
- ¿Qué encontró en esta doctrina que no
obtuviera del cristianismo?
- En el sufismo, se practica la meditación. No es
como la religión occidental, donde te limitas a repetir "Padre nuestro, que estás
en el cielo...", sin pensarlo. Aquí, reflexionas.
- ¿Qué ha pensado esta mañana?
- La meditación tiene una opción maravillosa: no
pensar. Libertad fantástica; sin pensamientos.
- ¿Cree que las depresiones ya habrían acabado
con usted sin el consuelo de este credo coránico?
- Sin duda. Estaría muerto, muerto. Yo no era
feliz, porque me faltaba la verdadera realidad, vivir como yo quería y no como dicen los
demás. Ahora, desde hace 32 años, me sostiene esta idea, meditar cuando me despierto y
antes de dormir, escuchar las cosas sutiles, las que no se ven a simple vista.
- ¿Para qué pregunta quisiera hallar
respuesta?
- Para muchas. Pero también me gusta saber que
todavía quedan muchas cosas por descubrir.
- ¿Se ve genio, poeta o filósofo?
- Me considero un hombre. Y espero no
equivocarme en mi percepción.
- ¿Cuál es el primer recuerdo suyo que
conserva?
- Es una cosa peligrosa. Tengo conciencia
prenatal, de antes de nacer.
- ¿Cómo?
- Creo en la reencarnación. Cuando una
energía entra en el feto de una mujer, empieza la vida. Y yo recuerdo perfectamente mi
entrada.
- ¿Y lo que fue en anteriores vidas?
- Creo que sí. Pero no indago, lo que me interesa es
lo que soy hoy.
- ¿Se mira al espejo o sólo al alma?
- Sí me preocupa el aspecto, porque soy cantante y
es importante ofrecer una imagen con cierta pureza.
- Pero sus camisas y alpargatas son más moda
en los monasterios que en las pasarelas de Milán.
- Me visto como quiero. Si me apetece pintarme los
cabellos, lo hago. Soy un hombre libre. Algunos años, no me compro nada de ropa. Y, a lo
sumo, cuatro prendas.
- Pues parece muy metódico.
- Lo soy, pero antes era lo contrario.
- ¿A qué hora se levanta?
- Muy pronto. Siempre entre las seis y las siete.
Medito una hora y, después, me dedico a mi profesión.
- Un místico como usted, ¿pierde el tiempo en
enamorarse de la carne?
- Soy célibe y ya no me voy a enamorar más, espero.
Aunque pienso que el amor es maravilloso.
- ¿Por qué?
- Porque altera la condición normal de un individuo.
Cuando te enamoras, piensas que esa mujer es maravillosa, diferente, perfecta; pero, a los
seis meses, cambia todo.
- En el Corán, el libro sagrado que observa su
religión, no se valora a la mujer con tanta sensibilidad...
- El hombre y la mujer no son diferentes. Se ofende a
la mujer de una manera vergonzosa, porque siempre aparece como depredador o como víctima.
No es justo que sólo se piense en su culo y en sus pechos.
- Para su doctrina, más que un símbolo
romántico, la Luna es la culpable de mucha violencia y guerras.
- Sí. La Luna es como el aspecto frío de la existencia,
frente al Sol, que es el caliente. Impulsa al mal, de forma que si
un hombre tiene tendencias asesinas, una noche de luna llena puede impulsarle a matar.
- Pues el 11 de septiembre de 2001 fue cuarto
menguante...
- En este caso, fue la condición humana la culpable; no la
Luna.
- ¿De qué hombres?
- La responsabilidad no la tiene sólo una parte.
América mantiene una política muy ambigua con Oriente Medio por intereses de petróleo,
venta de armas... Es una cosa típica del hombre, que es malo.
- ¿Y quién es el culpable de la
Intifada?
- Sharon es un antisemita,
porque su violencia daña al propio pueblo hebreo. Si los palestinos han roto la paz, debe
perdonar; no matarlos. Las armas nunca son la solución.
- Cantó en Irak durante la Guerra del Golfo
en apoyo de Sadam Hussein. ** ¿Actuaría ahora para Arafat?
- Sí, encantado.
- ¿Y para Bin Laden?
- No. Los talibanes son como la Inquisición.
- ¿Qué predicciones lunares ve en este
mundo tan lunático?
- Cosas buenas. Soy muy optimista.
- Dice el sufismo que el hombre atraviesa
por distintas fases: faquir, yoga, monje, hasta llegar al hombre astuto. ¿En cuál se
encuentra?
- En la del ser abierto; yo soy abierto. Es un
nuevo estadio.
- ¿Ya ha sido faquir?
- Faquir jamás, pero yoga, sí.
- Hay quien se quedará con las ganas de
preguntarle si está loco...
- No me importa que la gente lo crea.
* Error:
el primer italiano que consiguió vender un millón de discos fue Nico Fidenco.
** Naturalmente Battiato en ese
momento no apoyaba al dictador Hussein, sino que defendía los derechos de la población
iraquí, débil frente a la lucha por el poder.
|