"Prefiero un árabe de mirada leal a un
militarista arrogante"
MIGUEL MORA, Madrid.
Desde que
en 1971 publicó su primer disco, Fetus (sic ! ), Franco Battiato siempre anduvo por
caminos singulares. Nacido en 1947 (sic ! ) en la ciudad siciliana de Iona (sic), estudió
guitarra y enseguida apuntó hacia lo experimental: Stockhausen, Luigi Nono, John Cage.
Eran los setenta. Hasta 1978, Battiato no conectó con el público. El éxito llegó ( sic
??? ) con discos como L'Arca di Noè (1982) y Nómadas (1987). En
los noventa, rizó el rizo y retornó a los clásicos: en Como un camello en un canalón
interpretó a Beethoven, Wagner, Brahms y Berlioz. Estamos en 2001, y
Battiato ha descubierto el mestizaje, de músicas e idiomas, según se ve en sus últimos
discos: Fleurs (el 19º de su carrera), Decoder (sic !!!
???) (el 20º) y el último Ferro battuto (el 21º).
El cantante actúa, hoy y
mañana, en el teatro Albéniz, dentro del Festival de Otoño madrileño, y promete mucha
mezcla de ritmos y de lenguas, baladas y canciones marchosas, versiones de los setenta, un
cuarteto de cuerda y un cantante que es filósofo, Manlio Sgalambro, y a la vez el autor
de las letras.
Junto a eso, el alto y
comprometido Battiato trae su clásica toma de postura pacífica y racionalista, inspirada
desde hace tiempo en las enseñanzas de los sufíes.
Parece
que el Gobierno italiano se ha sentido molesto por una entrevista suya a Il Corriere della
Sera en la que rechazaba la presunta superioridad de Occidente proclamada por
Berlusconi.
En realidad, la
entrevista era muy moderada, no mostraba una actitud extrema en absoluto, decía cosas
bastante compartibles por personas racionales. La idea era que el ataque del 11 de
septiembre fue simplemente un ataque terrorista, un ataque brutal, pero no una
declaración de guera. Aunque les haya sido cómodo tomarlo como eso, no lo era. Y la
consecuencia de ese error es que mucha gente pobre del pueblo afgano está sufriendo las
consecuencias, marchando hacia un no-lugar sin protección, con 60.000 a punto de parir,
metidos en una existencia infernal. Sólo estoy a favor del pueblo afgano. Bin Laden ha
demostrado ser un hombre muy peligroso. Pero me niego a aceptar la arrogancia prepotente de
Bush, ese "o estáis con nosotros o contra nosotros". Reclamo un lugar neutral,
pero entre un militarista arrogante de mirada turbia y un árabe de mirada leal, me quedo
con el segundo. Nuestro único enemigo es el enemigo de la compasión, el que machaca al
débil.
¿Cree
que han cambiado las cosas desde el 11 de septiembre?
R. Sí, hay
síntomas de que vamos hacia un renacimento de las conciencias después de haber sufrido
una gran conmoción. Los occidentales tenemos sensación de culpa: el otro también
existe. La política debe representar el estado de ánimo del pueblo, y Berlusconi no lo
ha hecho. Pero cuando lo atacan diciendo que la televisión que hacía arruinaba al pueblo
italiano, yo no estoy de acuerdo. Que la apaguen y ya está. Es lo mismo que con la
música: la gente ama la música fácil, y la industria se limita a dársela.
¿Y cómo
ve la música italiana?
No podría dar
una respuesta precisa sobre eso, pero no me gusta ser catastrofista. Vaya como vaya, está
yendo hacia adelante. Incluso las cosas frívolas, feas, se hacen con cierto gusto y
sonoridad. Estoy totalmente a favor de la música nueva.
Y los clásicos como usted, Mina o Celentano siguen triunfando.
No niego
que puede llegar a ser irritante, pero es que no se ha producido el cambio generacional.
En los sesenta y los setenta se produjo, pero desde hace 20 años el corazón de la gente
permanece con los cantantes viejos.
¿Siente que han ejercido ustedes algún tipo de influencia?
En mi caso es
así porque siempre he sido un músico que incorporaba el pensamiento de la vida; otros
sólo han hecho canciones. La gente que me sigue a veces se desilusiona si me alejo del
misticismo, pero es que necesito hacer una canción de amor de vez en cuando. Hablo para
tratar de no repetirme. Lo dicho, dicho está, y luego tratemos de seguir adelante.
Pero
en sus últimos discos ha hecho versiones de otros....
Es que me gusta más cantar que
antes. Pero me sigo considerando un proletario del espíritu, un artista que trata de tener
compañeros de viaje que necesitan afecto, amor y protección.