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FRANCO BATTIATO

Buscar "un océano de silencio

 

 

 

Su último álbum "Ferro battuto" ha sido un
nuevo éxito. Y con "Fleurs" se ha concedido por
fin el lujo de un disco de versiones. En coloquio
con Franco Battiato, el cantautor-filósofo que
soñó "un Océano de silencio" y que quizá ha
encontrado su "centro de gravedad permanente".

 

De Claudio Fabretti

 

               Originalmente publicada en el semanal Avvenimenti)

  

Te lo imaginas rígido, distante, serio. Y sin embargo Franco Battiato es todo lo contrario. En casi 45 minutos de entrevista, el músico siciliano despliega ironía y buen humor, como para confirmar una reencontrada serenidad. "Una estable precariedad" más que un "centro de gravedad permanente", como ha tenido a bien precisar. Está claro que el Battiato del Dosmil ha sufrido una transformación que lo ha llevado a buscar un mayor contacto con el público. Y la respuesta ha llegado con el éxito de su último
tour y de sus más recientes trabajos. Como "Ferro Battuto", que está ya en todas las listas de éxitos italianos y que señala su retorno a sonoridades más pop. Una definición que sin embargo no le gusta mucho a Battiato. "Dicen que este disco es pop para distinguirlo de "Campi magnetici", el anterior trabajo que he grabado para la Sony Classical y que ha salido el año pasado: aquélla eran la música de un ballet, encargado por el Mayo Musical Florentino..."

A pesar de la presencia de una vocalista como Natacha Atlas, "Ferro Battuto" no es un disco completamente logrado. Pero al menos dos cortes, "Running against the grain", en el que aparece Jim Kerr (Simple Minds), y la latinizante "Bist du bei mir", ven un Battiato en forma, sabedor del impacto que sus sonoridades han alcanzado
sobre el gran público. Un público que ha apreciado particularmente también su divagación de "Fleurs", su primer disco de versiones. "Una idea nacida en España, en algunos teatros de ópera donde he ofrecido recitales
-cuenta-. Dado que se trataba de teatros de tradición, he
pensado en hacer una especie de liederística ligera, con un programa dividido en dos partes, con todo aquello que está en el disco (excepto las dos versiones de De Andrè). Después de un tiempo, he visto la reacción de varios públicos y me he dicho que quizá podía llegar a documentar
esta broma. En realidad, de todas maneras, la primera idea nació en Sicilia, durante el primer verano catanés que dirigí: tanto el alcalde como el Consejero de Cultura querían a toda costa que yo hiciese un concierto: yo no quería, ellos
insistían, hasta que dije cantaré tres o cuatro canciones, entre ellas "La canzone dei vecchi amanti". En España transferí esta idea: diez canciones en vez de cuatro y concierto dividido en dos tiempos. Así nació la idea que está en la base de Fleurs.

- En aquel disco hay también dos versiones muy "sentidas" de dos clásicos de De Andrè. ¿Qué ha representado De Andrè para la canción de autor italiana?

- Creo que sobre todo para "La canzone dell'amore perduto" he realizado un buen arreglo. Era un oyente de Fabrizio, en los años Sesenta en mi habitación escuchaba sus baladas, que tenían un sabor de novedad. Lo recuerdo con el afecto de un oyente suyo, más que de un colega.

- ¿Y el proyecto homenaje a Robert Wyatt?

- Robert Wyatt en los años Sesenta era un contemporáneo nuestro, era uno de nosotros. Intentábamos hacer cada uno la propia experimentación; cada cual en Italia, en
Alemania, en Francia, en Gran Bretaña. Formábamos
parte de un mismo movimiento, que era denominado "nosmische musik" o "progressive" según los países. Estábamos todos dentro de aquel frenesí de nuevo que nos invistió. El mío ha sido un pequeño homenaje a un gran artista con frecuencia subvalorado.

- Ha dicho que quería "levantarse de la alfombra" para intentar dirigirse a un público más vasto. ¿Qué quería decir?

- Para contar un cierto tipo de canciones es necesario estar de pie, para cantar otras se necesita estar sentado... A mí además me gusta cambiar, no me impongo el problema de la fidelidad a uno mismo. De todos modos, incluso cuando estoy sentado me siento a gusto y para cantar un cierto tipo de canciones utilizo las manos más que el cuerpo.

- A propósito de la relación con el público, ¿ha cambiado algo hoy en la figura del cantautor? Antes estaba encerrado en su torre de marfil, aislado de los medios de comunicación y se expresaba sólo a través de los discos, hoy ¿todavía es posible?

- No, hoy el mercado es absolutamente despiadado. Sucede que si una persona está fuera está "fuera"verdaderamente, por decirlo así no existe. Yo no me creo el problema, porque
afortunadamente podría pasar sin hacer este oficio hoy. Me gusta hacerlo, continúo, pero estoy siempre alerta. Me puedo permitir incluso el lujo en el próximo disco, quien sabe, de hacer cosas terribles...

- La asociación con el profesor Sgalambro sigue adelante desde hace ya seis años. ¿En qué modo los textos de Sgalambro han cambiado al Battiato músico?

- Ahora congeniamos más que antes. Creo que se ve incluso sobre el escenario, en los conciertos. Siempre he escrito mis letras, siempre he sido un, cantautor, por así decirlo, hasta el punto de que para muchos temas he
escrito primero las letras y después las he musicado. Ahora he cerrado aquel período. No me gusta repetirme, lo mismo que en el campo de esa música paralela que hago y que podríamos llamar clásica: he escrito una Misa Arcaica que para mí permanece como una veta de mi producción, pero no me pondré a hacer una misa bis. Debo afrontar otros mensajes y otros materiales. La llegada de Sgalambro me ha hecho ajustar las cuentas con una prosa que te puede parecer no natural como la tuya, pero al mismo tiempo me ha dado una diversidad para abordar mi trabajo y me ha hecho superar problemas nuevos en la escritura musical.

- La búsqueda de lo sagrado es uno de los temas principales de su obra desde siempre. En una canción decía incluso "intento perseguir lo sagrado cuando duermo" ¿Puede contar a qué punto ha llegado su búsqueda?

- Tengo a mis espaldas treinta años de meditación, por lo tanto me puedo considerar un "profesional"... Y sin ella ya no podría vivir. Donde quiera que viva, siento la necesidad de retirarme. Lo hago dos veces al día, como los antiguos egipcios: me retiro al anochecer y por la mañana antes de desayunar y después de haber hecho las abluciones matutinas... No ha cambiado nunca el sabor de esta dimensión metafísica (que luego para mí es física), desde los primeros tiempos hasta hoy, han cambiado las técnicas pero el sabor permanece idéntico.

- Una búsqueda que sin embargo no casa con la fe en una religión existente...

- La actitud religiosa es la primera etapa de una búsqueda de lo sagrado, de otra manera no se puede entrar en esa zona, es necesario soltar un poco de lastre fuera, en suma.

- Es decir, una "religión universal"...

- Absolutamente sí. Las parroquias siempre me han espantado. Me gustan los verdaderos místicos, y no los burócratas. Y a fin de cuentas un místico alto del monacato occidental está cerca de un monje budista, es más, son idénticos.

- Hace un poco de tiempo había dicho que soñaba "el fin del mundo occicental". ¿Qué habría enterrado? ¿Y hay por el contrario algo que salvar?

- El mundo occidental ha dado pasos excepcionales en el campo de la ciencia y de la técnica. Desde este punto de vista Occidente es intocable. Un poco menos por lo que ha demostrado en el aspecto exterior: no tiene paciencia, no se dedica, no tiene ganas de estudiar, tiende a que no le importen los demás. Todas nuestras especialidades. El problema es que ya hemos contagiado al mundo...

- Ya, la paciencia y la lentitud. Otros dos temas fundamentales en su obra. Pero, ¿es posible "ralentizar la vida", incluso para quien tiene su oficio?

- Yo vivo así. Incluso cuando voy de viaje difícilmente persigo el tiempo. Está el cansancio de una gira, cuando te desplazas trescientos kilómetros al día. No lo puedo subvalorar. Pero por esa media hora en que me retiro reencuentro mi mundo.

- Un mundo hecho sobre todo de silencio, como queda de manifiesto en canciones como "Un'altra vita" y "Océano de silencio" ...

- Ya, el silencio para mí es como el oxígeno, es vida.

- Usted ha sido uno de los primeros en hablar de comercialización de la religión, preconizando la llegada de "budas sobre las mesitas de noche" o de "secciones abiertas sobre el peinado del Papa" (Magic Shop, 1980). ¿Existe hoy el riesgo de un supermercado de la
espiritualidad con new age y fenómenos afines?

- Dios qué desasosiego... En general no me interesan los "fenómenos". Como no estoy interesado en el movimiento católico, no me interesa el de la new age. A mí me gusta hablar con un católico, con un budista. Pero ¿qué es el
budismo? Vete a saber con todo lo que se ha escrito... Buda ha dejado sólo tradición oral. Y con Cristo pasa un poco lo mismo. La explotación de la espiritualidad es un problema de quien lo hace. Recuerdo un episodio de cuando era pequeño: a mi padre, en la plaza, se le acercó un amigo
que le decía: "He visto al padre Nosecuantos que comía carne el viernes; ¿y yo debería creer en Dios?" ¿Pero cómo es posible que la fe se reduzca a esto? Cada uno debe recorrer su camino, los demás harán lo que quieran. Así como no voy a la iglesia porque esa liturgia no me fascina, pero no puedo hacer como Savonarola e ir allí a decir
"tú irás al Infierno..."

- ¿Qué ha quedado de la experiencia con Bagdad después de aquel histórico concierto en tierra iraquí?

- Dejamos una huella indeleble en su mundo. En las escuelas, hasta hace poco tiempo, se oían las cassettes con mi música, se estudiaban mis canciones. Luego hubo un contacto humano muy conmovedor, que he intentado llevar adelante en estos años trabajando con asociaciones como "Un ponte per Baghdad" (Un puente para Bagdad). Pero claro los intereses contra los que ajustar cuentas eran enormes. Hemos llevado niños al hospital de Parma. Pequeñas cosas, cuando detrás hay colosos que tienen interés en mantener ciertas situaciones. Son ellos los que crean las guerras.

- ¿Nunca ha temido ser instrumentalizado por parte del régimen iraquí?

- No, esto nunca me ha importado nada. Por otra parte me decían "vas al diablo" y yo respondía "¿porque aquí está el paraíso?"

- Recientemente ha colaborado con Csi, Bluvertigo y otros nuevos músicos italianos que comienzan. ¿Cree que ha habido en los últimos tiempos un crecimiento de la música italiana de autor?

- Sí, e incluso notable. He oído diversos grupos interesantes, muchos muchachos que se están abriendo camino. Hay más espacio, el público se ha ampliado y también la realidad musical italiana es más compleja. Han entrado en listas de éxitos grupos que hace sólo dos o tres
años no podían ni esperar estar entre ¡los primeros cincuenta!

- ¿Tiene todavía relación con teatros y festivales culturales italianos? Y ¿cómo juzga esta experiencia?

- Lo considero un "servicio" que para mí es sobre todo una diversión, y aquí y allá consigue dar resultados importantes. Hemos hospedado a personajes como Sakamoto y David Byrne. Y para Bjiork, siempre me refiero a Fano, han venido de todo el mundo...

- En "Shock in my town", uno de sus temas más recientes, eran recurrentes las palabras "Velvet Underground". ¿Sólo un estribillo divertido o un homenaje a una banda histórica?

- Un poco las dos cosas, en realidad era un tema alucinante, una especie de delirio urbano. De todos modos, puedo decir que he conocido a algunos de los Velvet Underground. En 1975 estuve de gira en Francia con Nico y John Cale (la primera cantante y uno de los músicos-clave de los Velvet, nota de ondarock). Había problemas muy fuertes entre ellos dos, por la envidia de John hacia Nico, que era la preferida del público. Y además evidentes problemas de droga por parte de ella. La primera vez que la vi me preguntó si había visto a "mister powder". "¿Quién es?" le pregunté ingenuamente. Me hizo una señal inequívoca aspirando con la nariz..."No, no tengo de eso", le respondí... Después una vez en el mítico Bataclán de París, Nico se estaba maquillando. Yo susurré: "¡Joder, pero si ésta tiene cincuenta años!" Ella me miró desde el espejo y me dijo: "Verdaderamente algunos menos..." Me quedé inmóvil. Luego me explicó que había estado dos años en Roma y entendía bien el italiano.

- Una última curiosidad: ¿volverá a cantar con Alice alguna vez?
- Por ahora no creo, pero nunca se puede
saber...

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