Josemi Valle -Espectacularia

Franco Battiato

por Josemi Valle

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Hay discos que son para escuchar en un tugurio mientras encharcas el cerebro de copas con el ánimo de que el alcohol te arroje a ser contundente o a bautizar tus palabras de vehemencia y sinceridad.

Otros discos embotellan propiedades terapéuticas que permiten dilatar el alma y sólo admiten una escucha en soledad, canciones que son cicuta y bálsamo a la vez para esas ocasiones en las que uno tiene que rendir cuentas al corazón.

A mí con Battiato me pasa en ambos casos. Me ha hecho empapar de lágrimas la almohada en algunos temibles amaneceres sin alma, pero también me ha permitido vadear alguno de esos días repletos de espesa oscuridad. El hombre que aseguraba que «somos provincianos de la Osa Menor», que le pedía a un hipotético Gran Guía que bendijera a los peluqueros e hiciera desaparecer de la faz de la tierra a los profesores «porque es mejor moldear el cabello que no las cabezas», el tipo que anhelaba «encontrar una ocasión idónea para comprarse unas alas y abandonar este planeta», acaba de publicar un nuevo disco llamado «Ferro Battuto». ¿Y qué decir de este nuevo plástico? Battiato sigue secuestrado por sonidos experimentales, emancipado por completo de la tiranía de los mercaderes de superventas. En sus canciones lo mezcla todo, amista programaciones con música de raigambre clásica, sonidos suaves con repentinos fragmentos rebozados en guitarras agrestes, siempre distinto pero siempre manteniendo fidelidad a su reconocible  impronta, respetando la vitola de hombre enamorado de la vanguardia.

Pertenece a los grandes y cada obra suya lo certifica. Ésta también. Yo le sigo la estela desde antes de Cristo y cada vez encuentro en su música más identificación, más afinidades, más zonas de intersección, más señas de identidad. Hace tiempo escribí que Battiato nunca me deja frío. Siempre me lo paso cojonudamente con él. Ría o llore, necesito sus canciones, necesito esos mundos lejanísimos que retrata en sus canciones para no asfixiarme en el que me toca vivir.

Cinco años y cuatro discos después sigo sintiendo exactamente lo mismo.