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FRANCO BATTIATO

 

 

ENTREVISTA EN FLORENCIA

(Giovanni Bogani,  2006)

 

        Una chaqueta negra, larga, recta. Una camisa blanca. El cabello, ondulado, negro y gris. Franco Battiato se sienta compuesto, recto, sobre la butaca del hotel florentino en el cual lo encontramos. Y parece que, a su alrededor, todo esté un poco tranquilo. Es como si expandiese a su alrededor un aura de silencio.

 

        Habla con calma. Dice "estoy en un momento fantástico de mi vida". Y después añade: "Pienso a menudo en la muerte". Tú estás allí, con el cuaderno en la mano, y no sabes cómo se pueden unir estas dos frases. Pero parece feliz de verdad, y parece de verdad distante. Está aquí, donde estás sentado tú, pero al mismo tiempo no está aquí.

 

         Su segundo film, "Musikanten", sobre los últimos años de Beethoven, presentado en la Muestra de Cine de Venecia, ha sido acogido con una hostilidad y un silencio ensordecedores. Como si no le hubiesen perdonado el éxito en la música ligera. Pero a él le importa poco. Mientras bebe absorto una taza de té, anuncia su nuevo film. El tercero. Sobre un tema todavía más exclusivo, arriesgado. Y hablando de su felicidad, y del pensamiento constante sobre la muerte, dice: "Ves: como dice un místico, 'no hemos nacido nunca, no hemos muerto nunca". Es ésta la clave de la serenidad".

 

         Battiato, comencemos por "Musikanten". En la práctica no ha salido nunca a las salas. ¿Qué ha pasado?

 

         "Ha pasado que ha habido mucha prevención, y mucha incomprensión. Hay críticos que han atacado frases que en la película ni se pronunciaban. Hace daño ver dos años de trabajo quemados por quien ve el film una vez, y ni siquiera lo ve bien. Pero no importa. Recuerdo ejemplos mucho más importantes que yo: Fellini, cuando hizo 'Casanova", recibió palos feroces. Años después, se dieron cuenta de que había hecho un film  extraordinario. Yo soy un principiante: no esperaba recibir un trato  parecido al de Fellini".

 

           ¿Se le han pasado las ganas de hacer cine, o al contrario...?

 

           "Al contrario: haré el tercer film, que aclara el discurso iniciado con los dos primeros. He comenzado a escribirlo hace dos meses".

 

           ¿De qué hablará?

 

           "De místicos. El único tema que me interesa. Tengo ya en mente un título: 'Niente é come sembra'..." [Nada es como parece, ndt.]. 

 

           ¿La música seguirá estando ligada a la trama del film?

 

           "Sí: y en este caso, pienso componer también la banda sonora de la película. Y por tanto estarán unidos mi próximo trabajo cinematográfico y mi próximo trabajo musical".

 

           ¿Tiene ya en mente un protagonista?

 

           "Sí: es Giulio Ambrosi, un actor de teatro que había doblado ya a Beethoven en 'Musikanten'.".

 

           ¿Cuáles son los místicos que le apasionan?

 

           "Místicos budistas como Norbu Rinpoche, chinos como Xu-Yun, muchos místicos sufíes".

 

           ¿Pero usted sería capaz de vivir en la India, o de vivir de ascesis total, como ciertos místicos?

 

           "No. Yo sigo siendo occidental, no tengo la fuerza ni el valor de  abandonar todo. Querría".

 

           El pasado septiembre dijo que veía en Italia "sombras lóbregas" en el panorama político. ¿Piensa así todavía?

 

           "Cierto. Italia tiene raíces históricas muy feas. La gente sensata, entre la clase política, es siempre obligada a ponerse en segundo  plano por quien alza la voz. Y sobre todo, no me gusta el materialismo ridículo, egoísta, paroxístico en el cual nos encontramos viviendo".

 

           ¿Volvería a hacer un concierto en Bagdad, como hace algún año?

 

           "Ciertamente. El contacto con el público fue maravilloso. Ahora lo haría todavía con más gusto, después de que Iraq ha sido devastado por los más grandes terroristas y mentirosos mundiales. Me refiero a Blair y Bush".

 

           Una curiosidad: usted, ¿qué música escucha?

 

           "Clásica. Me despierto a las seis de la mañana, y enciendo Radio tre. y después leo".

 

           ¿Qué lee?

 

           "Leer es una actividad que requiere esfuerzo, fuerte, casi un trabajo. Leo hasta diez horas al día. Ahora, entre otros, el 'Libro tibetano del vivir y del morir' de Sogyal Rinpoche y 'Suprema fuente' de Norbu Rinpoche".

 

           ¿Pero usted por qué hace cine?

 

          "Puede parecer presuntuoso, pero yo no hago cine para entretener. Hago cine para cambiar a la gente. Poco, quizás. Pero para hacer entender que no son los bienes materiales los valores que están en el primer puesto".